|
Tal y como se indica en la portada, este es un número especial dedicado al terror, uno de géneros a los que, sólo de forma esporádica, se presta la debida atención. Y esto sucede tanto en Solaris como en otras revistas consagradas al fantástico y la ciencia ficción.
Para remediarlo, o intentarlo al menos, hemos preparado un número monográfico dedicado a la literatura de terror. Por supuesto, un único número no puede abarcar toda la producción de dicho género, que va desde el gótico al último libro de Stephen King. El abanico temporal es muy extenso, los autores, muy numerosos, y sus variantes, casi infinitas.
Parafraseando a uno de los grandes maestros, Lovecraft, el terror es el sentimiento más antiguo del hombre. Probablemente por esta causa, también es una de las áreas literarias donde los consensos son más difíciles. Es un género profundamente subjetivo dado que no todos reaccionamos de igual modo ante un estímulo.
Tal vez no sería desacertado afirmar que el terror, en la actualidad, también es uno de los géneros más complejos de conseguir. De hecho, si repasamos nuestra producción literaria en el tema hemos de reconocer, por desgracia, que ésta es relativamente pobre en cantidad y calidad. Salvo honrosas excepciones, el predominio anglosajón en los dos últimos siglos es, simplemente, arrollador.
Y es que el terror es un género peliagudo. Dotado de una tradición amplia, la época del susto fácil pasó hace mucho tiempo y algunas fórmulas, antaño exitosas, se han desgastado a causa de la reiteración.
Marginando la «caspa» y el gore, dos parecen ser los caminos que aguardan al género. Por un lado, el terror psicológico. Es difícil pensar que un vampiro nos vaya a asaltar en el ascensor, pero sí que nos quedemos atrapados en él y la fobia a los espacios cerrados dispare nuestros sentimientos más atávicos. Sin duda, las fobias son uno de los filones a explotar. Y ya se está haciendo. La otra vía llega a través de la repulsión, siempre difícil de controlar ya que bordea siempre esa línea tan delgada entre el asco y la carcajada.
Finalmente, tampoco debemos olvidar que la tendencia actual es desdibujar los géneros, mezclarlos. Y, de esta suerte, hallamos muchos elementos de terror en las novelas de fantasía. Es lo que los anglosajones han denominado «Dark Fantasy».
De todo esto y mucho más se hablará en las siguientes páginas. Ahora, cruzad por vuestro propio pie el umbral de esa puerta imaginaria que es este editorial y descubridlo vosotros mismos.
|